Es un libro conmovedor y lleno de emociones que narra la huida de un niño a través de
una llanura infinita y árida que deberá atravesar si quiere alejarse
definitivamente de aquello que le ha hecho huir. Todo en un mundo cerrado, sin
nombres ni fechas.
La novela está construida a partir de tres arquetipos: un
cabrero, un alguacil y un niño, que simbolizan el bien, el mal y la inocencia.
El niño escapado de su casa, escucha, agazapado en el fondo de
su escondrijo, los gritos de los hombres que le buscan. Cuando la partida pasa,
lo que queda ante él es la soledad de la llanura. Una noche, sus pasos se cruzan con los de un viejo cabrero
y, a partir de ese momento, ya nada será igual para ninguno de los dos.
Jesús Carrasco construye un relato duro, salpicado de momentos de gran
lirismo. La novela está tallada palabra a palabra. La presencia de una
naturaleza inclemente hilvana toda la historia hasta confundirse con la trama y
en la que la dignidad del ser humano brota entre las grietas secas de la tierra
con una fuerza inusitada.
Ha coincidido con la lectura de Intemperie la proyección de la
película, del mismo nombre, basada en
esta novela. Dos lenguajes para una misma historia.
El Club de Lectura fue a verla y recomienda tanto la lectura del
libro como la película.
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